viernes, 10 de enero de 2014
MYSTERIUM TREMENDUM: MARÍA LIONZA.
El título de este ensayo ha sido tomado de la mística : se refiere a esa reacción de pánico que sobrecoge al ser en el momento en que hace contacto con las fuerzas mistéricas, bien sea de un dios, una deidad, ser o ente sobrenatural; al ocurrir el encuentro, el místico, devoto o ser desprevenido permanece en estado de confusión por el impacto que en él ha provocado la presencia de una fuerza que escapa a su capacidad de comprensión, revelándole lo limitado de su capacidad intelectual así como la estrechez de su percepción emocional, la cual se desborda ante la maravilla horrenda que ha presenciado o contactado.
La imagen de María Lionza tiene múltiples lecturas, siendo las más frecuentes las relacionadas con la aproximación intelectual acerca de su importancia escultórica, estética, política, etc, o su veneración como representación de una deidad relacionada con el culto a las Grandes Madres: al ser así su presencia propicia la posesión y el desenfreno como vía y búsqueda de la visión profética, la cual sanará o eliminará al contrario. De esta manera el enemigo estará afuera, nunca adentro.
El contacto con María Lionza como deidad provocará confusión y don profético, propiciará el exceso y la inestabilidad para dejar a cambio el inicio de un proceso de erradicación de aquello que preocupaba, enfermaba y atormentaba a quien así lo padecía. Sus energías emparentan con el misterio tremendo experienciado - anhelado y temido - por los místicos.
MARIA LIONZA COMO DIOSA CLARA Y OSCURA
En mi concepción y realización artística - expresada en este momento a través de las fotografías que he concebido y mostrado - no esquivo la representación de María Lionza en su lado oscuro, ya que un arquetipo posee características que lo emparentan tanto con las fuerzas benéficas como con el mal; de allí que parte del problema que deba enfrentar el arquetipo del dios o diosa, héroe o heroína, sea la relación que establece con el mal, el cual es además incorporado en el culto de la Reina a través de los rituales de despojo vinculados a la magia negra. Esta vertiente de María Lionza como diosa tanto de la oscuridad como de la luz, le otorga una fuerza poco común en la iconografía actual, ya que en el desarrollo social de las religiones se ha tendido de un tiempo para acá a obviar la representación del mal, edulcorando las imágenes en un falso intento de negar la existencia de la oscuridad como concepto psíquico y realidad social y espiritual. Es importante darnos cuenta de que esta no ha sido la vía que han recorrido las religiones en Oriente, las cuales conservan en su panteón dioses y diosas iracundas, lujuriosas, etc., como admonición y reverencia de la existencia de tales condiciones, presentes aún en los seres superiores.
Las consecuencias de dicha negación las podemos ver en la fuerza con la cual irrumpe actualmente en la comunidad mundial las fuerzas destructivas silenciadas de una sociedad occidental cuyos máximos modelos y líderes pretenden que todo está bien, que todo está políticamente correcto y que con la creación de paraísos comerciales el mundo permanecerá ordenado, la patria estará protegida y las familias, mujeres, niños y ancianos podrán dormir en paz.
Este sueño autoinducido de falsa armonía - piénsese en los asesinos seriales y las matanzas masivas realizadas por líderes religiosos o estudiantes en las escuelas estadounidenses y en los miles de millones de pobres que existen en el mundo- finaliza con la terrible explosión de las torres gemelas de Nueva York y la realidad de la guerra bacteriológica, hechos que no son sino una muestra de la fuerza con la cual puede emerger un arquetipo que como el de la guerra, solo se nutre de oscuridades psíquicas a nivel individual; esas mismas pulsiones de muerte, thanáticas, pugnan por ser aceptadas como un importante elemento de equilibrio psíquico que nos preserva de la apatía y por ende, de la muerte del alma; es decir, nos impide caer en la distorsión de la realidad al creernos que la vida debe ser armonía total y no lo que es: ciclos más o menos armónicos seguidos de intensivas etapas de destrucción y desestabilización. Esas mareas colectivas no son más que un reflejo de realidades internas, conforman la vida psíquica del individuo y forman parte de su evolución, ya que el hombre constituye un continuo biológico que crece y se reproduce pero que también se destruye para poder morir y dar paso a lo nuevo.
Lo que se puede intentar dirigir es la expresión de esa vena destructiva psíquica, y en ese sentido el culto de María Lionza - además de su función como ícono religioso sincrético - le permite a un pueblo sumido en la violencia cotidiana desde hace muchas décadas, la expresión catártica y sublimada de unas pulsiones tan intensas que de no ser expresadas a través del ritual religioso, bien podrían explotar por una vía menos domesticada e inofensiva social e individualmente hablando.
Con la irrupción del terrorismo en Occidente al estilo oriental, entran en juego una vez más las fuerzas de la oscuridad como opuestas a la luz, el Ahrimán y Ahura Mazda de Zoroastro se nos imponen dentro de su propios parámetros de sombra y claridad, desatando un enfrentamiento interior y colocando el mal en el exterior: El mundo pareciera colocar en este momento al enemigo en un afuera geográfico cuando en realidad el enemigo está dentro de nuestra psique, genera monstruos por lo egoísta de los planteamientos con los que se impone en comunidades menos provistas de comodidades y desarrollos tecnológicos pero armadas hasta los dientes de una tradición psíquica y religiosa que los prepara para enfrentar el infierno aquí en la tierra.
EXTRACTOS DEL ENSAYO de ELIZABETH PAZOS "MYSTERIUM TREMENDUM: MARÍA LIONZA" contenido en el libro "ALEJANDRO COLINA - El escultor radical", compilado por Carlos Colina, Edic. UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO, CARACAS 2002, Pag. 166
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