viernes, 10 de enero de 2014
JUSTIFICACION DEL ESTUDIO:
El caso de M. es un caso más frecuente de lo que quisiéramos admitir, en esta época de autonomía emocional, libertad sexual e internet. Muchas veces olvidamos que abunda la información acerca de todo y falta la verdadera educación, la cual aún proviene en nuestros países, del hogar. La tradición que se impone es la de considerar a la mujer y su sexualidad como algo oscuro, de lo cual no debe hablarse. No es por casualidad que M. no recuerda ninguna expresión amorosa o sexual entre sus padres. La puerta de su cuarto siempre estuvo abierta, denotando ausencia de intimidad entre ellos. Solo recientemente M. encontró unos escritos de la madre en la cual manifestaba su pena por no haber podido disfrutar nunca de la sexualidad como algo bonito, amoroso, sino como algo brutal, animal. Indudablemente que las primeras experiencias sexuales de M. no estuvieron marcadas por el amor sino por un contacto en el cual no se da la cara, sino la espalda. El sexo anal como forma de satisfacción sexual para seguir siendo virgen es una práctica que creemos olvidada, restos de una época en la cual la mujer era objeto de cambio y de uso y como tal debía estar entera, completa, es decir, virgen de himen. Lo demás no importa. Es evidente que en este caso la relación anal no constituye una experiencia de disfrute más, sino en su caso, pareciera ser una concesión al deseo mas no a la entrega psíquica, dulce que reclamaba su madre aún en sus años de vejez.
Introducirnos en este caso es volver a mirar en las páginas que han precedido la historia de la represión humana, no solo de la mujer. Es sentir de viva voz cómo una mujer sensible se ve anestesiada por un entorno que trata la sexualidad como una forma más de ejercer el dominio sobre el otro, de avasallar lo más íntimo de la alteridad, penetrar allí y no abandonar el terreno psíquico de quienes hemos escogido como nuestra presa psicológica.
Su abordaje no es fácil porque plantea una disminución del tempo psíquico a quien enfrenta la necesidad de dirigir la terapia. Implica un remontarse en el tiempo psicológico de la consultante, ubicarse en las contradicciones conductuales en que cae por efecto de lo que es muy fácil llamar prejuicios sociales e influencia religiosa castrante, pero que en la práctica se convierte en una coraza que inmoviliza la psique de la persona y la hace vivir presa de miedos infundados e inseguridades muy viejas.
Llegados a este punto, es necesario conocer la historia familiar por la vía del padre. Aquí nos encontramos con una encrucijada que desvió a un hombre de su época y lo hizo regresar con su actitud a conductas atávicas solo respetadas por él y sus hermanas, a quienes cercó psicológicamente de tal manera que las confinó al hogar, prohibiéndole tener amistades y cerrando el círculo alrededor suyo. Su extrema rigidez es su problema particular, ya que su padre, el abuelo de M. aún siendo militar, se manifestaba y conducía en la infancia de Galicia de M., como una persona protectora en el buen sentido, estimulante como abuelo y alegre y jovial como persona. Qué provocó el que su hijo, el padre de M., se convirtiera en el tirano que es, solo puede explicarse por temperamento personal, una inclinación que se impuso por encima de lo que iba aprendiendo en su hogar.
Extracto de DIFICULTAD PARA EXPRESAR EL DESEO SEXUAL. ESTUDIO DE CASO; Contenido en el libro "ESCENARIOS DEL CUERPO, ENTRE EL EXCESO Y LA REPRESIÓN"; Edit. El Perro y la Rana, Caracas 2010
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